El mundo está en crisis, lo vemos y escuchamos a diario, pero pensadlo bien: ¿y cuándo no lo ha estado? La crisis global es principalmente económica (no hay dinero y escasean los recursos a explotar), política (me abstengo de votar en terceras Elecciones), demográfica (mucha peña pa’ tan poco territorio) e incluso religiosa (Jesús, Mahoma y Buda picándose a Seguidores en DIOSBOOK).

Pero ahora bien: ¿en qué puesto de esa tabla de estamentos en crisis cae el amor? Sí, el amor. Ya sabes, ese sentimiento romántico que desemboca en relaciones afectivas entre personas de distinto y mismo sexo aunque los tres Influencers de antes no lo compartan por estar en desacuerdo.
¿Está nuestra sociedad, hiperconectada a los distintos canales de comunicación, exponiéndose así a terminar comprometiendo los pilares sobre los que siempre han reposado las relaciones afectivas de pareja y matrimonio? No está claro.

Lo que sí parecen contundentes son las estadísticas que elevan a España al puesto número cinco en la tabla de países y divorcios, con un 61% de rupturas matrimoniales. Sólo superada por Bélgica (líder, con un 71%), Portugal, Hungría y República Checa. Reino Unido, desde donde escribo, celebraba hace poco los niveles más bajos en divorcios de los últimos 40 años. ¡¿Qué me cuentas?! ¿Los ingleses amándose más que los españoles? La cosa está peor de lo que imaginaba…
Los datos de los resultados, por cierto, se remontan a 2013. No hay cifras más recientes al respecto, o al menos yo no las he encontrado. También es que es lunes y cuesta desperezarse, para qué engañarnos.

Estadísticas de divorcios por países

Estadísticas de divorcios por países

Y claro, llegados a este punto uno se pregunta qué pasa con los que no se divorcian. ¡Ajá! Sí, esos que, agazapados en un discreto porcentaje se resisten a dejarse llevar por el pecado, la lujuria y la perdición. ¿Son éstos realmente felices por no separarse? ¿Se amarán y adorarán durante toda esta vida y la que viene? ¿Qué pasa con los que aguantan estoicos y se mantienen fieles a sus principios morales? Los que toman como referencia el amor de sus abuelos y bisabuelos. Aquellos que, por tradición, educación o religión (a veces por las tres) evitan caer en la tentación de probar nuevas frutas.

Pues ante la duda, tiremos de estudio. Según una encuesta realizada por el instituto IPSOS, un 35% de los hombres y un 26% de las mujeres reconocen haberle sido infiel a su pareja. Toma ya. Y espérate, porque el 83% de la población española cree que se puede ser fiel a una sola persona, mientras que a su vez, el 65% asegura que se puede estar enamorado de dos personas a la vez… What The Fuck?!

Pareja en la cama

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A ver si nos aclaramos, chicos, porque el pitote mental que lleváis a estas alturas es importante. Así es normal que a más de uno se le acaben cruzando los cables y coja el móvil para enviar selfies tórridos a todos sus contactos por orden alfabético. ¡Se acabó tanto númerito y tanto sinsentido!, dicen algunas  subiéndose los pechotes. ¡Follar en tiempos de crisis SÍ es posible!, dicen otros frente al espejo, marcando bíceps de gimnasio.

No, venga, ahora en serio. Hablábamos de amor, no de sexo. Que os desviáis más rápido… Qué peligro.
¿Adónde nos lleva este cóctel de datos y tendencias de comportamiento modernas? La respuesta, a mi parecer, es clara: a una sociedad promiscua cuya fidelidad, sentido del compromiso y concepto del amor eterno dura lo que tarda un Whatsapp en ser enviado. Y en el mejor de los casos, en el mejor de todos: lo que tardan las dos palomitas en lucir de color azul. Porque una vez leído por tu amante cibernético, cualquier frase romántica que le hayas dicho recientemente a tu pareja o cualquier “si quiero” pretérito que le hubieras dado años atrás, tendrá casi menos valor que la Libra Esterlina desde lo del BREXIT… que ya es decir.

El continuo desfilar de rostros, nombres, y la morbosa intimidad a la que tenemos acceso de personas de nuestro entorno (amigos, compañeros de trabajo, vecinos, conocidos y desconocidos) desemboca en un dilema de difícil solución: ¿Me gusta tanto esa persona como para dejar los Likes a un lado y pasar a la acción con un privado? Si es así, su pareja, la que lo ignora, está perdida.

Carme Sánchez, directora del Institut Clínic de Sexologia de Barcelona, decía para La Vanguardia que “lo que esté dentro de la fantasía no sería infidelidad”. El problema, continuaba Sánchez, es “cuando hay conductas que implican a la otra persona”, como por ejemplo intercambiar mensajitos subidos de tono.
Y ¡pam!, una vez más el estudio de IPSOS contrasta con esa afirmación, ya que el 51% de los hombres encuestados y el 41% de las mujeres opina de forma contraria. Osea, que ese tipo de conductas comienzan a verse como no constitutivas de adulterio, puesto que el 38% de los encuestados confesaba haberlo hecho alguna vez. ¿Estamos digievolucionando a lo Julio Iglesias, o qué cojones nos pasa?

Sea como sea, tenemos aquí una prueba irrefutable de que la antigua y tradicional búsqueda del amor a lo Puentes de Madison, El Diario de Noa, Titanic o Crepúsculo, debe comenzarse desde el sillón de casa, abriendo el chat de una Red Social y bombardeando a todo lo se que parezca a un usuario. Y a ser posible, recientemente conectado porque aumenta las posibilidades de respuesta.

Candados de amor

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Que no os enteráis. Que el amor romántico, ese sentimiento vintage que antiguamente se elaboraba con cariño y esmero por auténticos artesanos de la pasión y las medias naranjas, las mariposas en el estómago y las miradas perdidas al infinito, se fabrica hoy en China y se diseña en Cupertino, California.

Y es así. En su día ya cambiamos los teléfonos analógicos por los teléfonos móviles; las máquinas de escribir por ordenadores; los radiocassettes por los iPods y las cintas del Fary por Spotify. Era sólo cuestión de tiempo que el amor se terminase cambiando por un corazón ❤️ o las mariposas en el estómago por una sonrisa boba 😊.

Era cuestión de tiempo. Ahora que nadie se extrañe o se lamente.

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6 Comments El amor en los tiempos del Whatsapp

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